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Estudio de caso: mujer constelada con esencias chamánicas

Introducción

Se presenta a continuación el Trabajo Final, conclusión de un aprendizaje y trabajo constante en Terapia Ancestral Familiar desarrollado en el Diplomado homónimo, hecho en el Sendero del Alma, Chillán.



El Diplomado de Terapia Ancestral Familiar tuvo por objetivo dar a conocer una técnica terapéutica sincrética desarrollada a partir de la metodología de las Constelaciones Familiares de Bert Hellinger, fuertemente guiada por la influencia de las Esencias Chamánicas del México Antiguo, que despiertan la guía auténtica y amorosa del inconsciente, como maestro guía de sanación. Este trabajo final se basa en la experiencia de dos constelaciones efectuadas a una consultante. La consultante, Adriana, es paciente de Gabriela Riveros, habiendo recibido terapia floral y habiéndose constelado anteriormente, con lapsus de tiempo en los que había pausado su terapia. La primera constelación fue guiada por quien suscribe este informe, y la segunda por Ángela Concha, compañera del Diplomado. Las conclusiones a las que se ha llegado responden a un análisis personal del caso y a la discusión del mismo con Ángela y con Gabriela.

Descripción del Caso

La consultante es Adriana, mujer de baja estatura, voz apagada y contextura media, convocada a ser constelada en el marco del Diplomado de Terapia Ancestral Familiar. Adriana acude a la cita, se observa nerviosa, ansiosa. Ha recibido en ocasiones anteriores terapia floral de parte de Gabriela, y su interés en la terapia nace por el Asperger diagnosticado a su hijo adolescente.

La flor, del set de Esencias Chamánicas, que Adriana selecciona instintivamente es Copa de Oro. Bebe siete gotas del stock antes de comenzar la constelación. Ésta se desarrolla de forma fluida, no obstante, a Adriana se le dificulta conectarse visual y emocionalmente con el desarrollo de la misma. Rápidamente su emoción se desborda, y se le hace difícil seguir el argumento que se va desarrollando en el eje ancestro – constelado. Manifiesta que lo que le gustaría soltar o liberar es un gran miedo que la acompaña desde hace años. Le cuesta identificar su origen, temporal o causal, pero la paraliza, le pesa, la contractura.

Cuando decanta la constelación y se hace necesario el cierre aumenta la necesidad de contención de Adriana. Se niega a entregar las cargas heredadas del ancestro, sostiene que las reconoce, más no se conecta con el sentido del ejercicio. Le cuesta contener el llanto, pero éste no fluye abiertamente sino que más bien se estanca en su garganta; le cuesta mantenerse en pie; cierra los ojos y mueve la cabeza como negándose a una posición frontal a su ancestro. Finalmente, con un grito desgarrador y un gesto de profundo agotamiento, entrega lo que se le solicita.

Se pide a un asistente al taller que represente al hijo de Adriana en la constelación, pidiéndole a ella que esboce frases que refuercen su seguridad ante su rol materno. Este ejercicio nuevamente la lleva a las lágrimas, pero se concluye de una forma menos agitada que la etapa anterior.

Tras finalizar la constelación, se le entregan a Adriana los datos de contacto de quien guía la constelación, solicitándose que se contacte luego de esta instancia para generar un acompañamiento terapéutico, pero se concreta esto, ni por parte de Adriana ni por parte de la terapeuta que suscribe.

Un mes después de la constelación descrita, Adriana retorna al Sendero del Alma para un nuevo taller de Terapia Ancestral. Esta vez, quien guía la constelación es Ángela Concha y la esencia chamánica que elige Adriana intuitivamente es Manto del Cielo. Ángela señala que en la terapia aparece una rabia profunda, que Adriana vive por las condiciones de su vida (“lo que le toca vivir”) y que a su vez en el ancestro se manifiesta como rabia contra sus padres, un alejamiento del hogar y un posterior retorno al mismo con “el rabo entre las piernas”. La condición humilde de los padres parece ser el aspecto que más le molesta al ancestro. La constelación concluye con un nuevo desbordamiento emocional por parte de Adriana y un llamado a la autoconciencia, que hace Ángela, la consteladora.

Con posterioridad a esta Constelación, Adriana acude al Sendero del Alma para una terapia individual con Gabriela Riveros, instancia en la que reconoce que maltrata a su hija, y muy posiblemente, a su hijo. Reconoce un descontrol de su parte -sinérgico con su desbordamiento emocional- que aun continua como algo latente en ella.

¿Qué nos dicen las Esencias Chamánicas?

Las Esencias Chamánicas son un conjunto de preparados energéticos, hechos sobre la base de hongos, plantas y flores históricamente usados por los chamanes del México Antiguo, preparados mediante la solarización, selenización y sucución por el Doctor Luis Solana. Su función en una constelación es “traer a la luz”, al plano consciente, los aspectos que el constelado está preparado para ver -o revisar- en la terapia. Cada constelado elige intuitivamente un preparado dentro del set de 21 esencias y ese guía su proceso. Tras la constelación, se continúa con una toma dosificada de la misma esencia elegida, a una frecuencia de 7 gotas 3 veces al día, por el lapsus de un mes, aproximadamente.

1. Primera esencia: Copa de Oro


Copa de Oro (FS1) es la esencia de la Brugmasia áurea, una flor arbórea considerada sagrada por los chamanes del México Antiguo. La primera información que podemos obtener de ella, en relación con el caso de Adriana, tiene que ver con el hecho de que las flores, en el set de esencias chamánicas, trabajan los aspectos biográficos del constelado: “lo personal, nuestros deseos más íntimos, más tiernos y más baladíes. Tiene que ver con todo lo relativo a ser alguien, a ser aceptado, reconocido, valorado por los demás y por uno mismo” dice el Dr. Solana. Las flores entonces trabajan el arquetipo del adolescente, y desde la Medicina del Dr. Hammer, aspectos relacionados con el mesodermo cerebeloso y cerebral, lo que en términos emocionales se relaciona con el instinto de evitar la agresión.

Copa de Oro, específicamente, trabaja la integración del arquetipo del Ánima, la parte femenina de quien la elige, y trata a nivel karmático conflictos familiares. A nivel personal, que es donde la flor toma más fuerza, trabaja el miedo en todas sus dimensiones, la hiperestesia social y los trastornos relacionados con la sexualidad femenina. Se le considera una flor muy útil en casos de autismo e hiperkinesia, ya que ayuda a descubrir el proyecto cósmico del Alma.

2. Segunda esencia: Manto del cielo.

Manto del cielo (FS6) corresponde a la especie Ipomea violácea. Al igual que la esencia anterior, pertenece al set de flores de las esencias chamánicas. Esta esencia trabaja principalmente la desvitalización. A nivel karmático trabaja temas referentes al uso indebido de información (secretos, información oculta o tergiversada) y a nivel del núcleo familiar pone acento en familias aisladas y que fomentan la falta de participación. A nivel del individuo esto se traduce en una dificultad para la comunicación.

Quienes requieren de esta esencia, dice el doctor Solana: “Son seres con personalidad retraída, o sea, grandes observadores con déficit en su interacción con los demás. Ellos sustituyen la participación por un gran trabajo intrapersonal, y las relaciones con los demás los suelen llenar de ansiedad. Sus mayores vínculos no están dados con personas, sino más bien con ideas, conceptos y abstracciones. En general son impenetrables, carentes de afectos e introvertidos con grandes dificultades para aceptar la ayuda”.

Análisis del Caso


El desbordamiento emocional de Adriana fue uno de los aspectos que más llamaron la atención de las constelaciones que llevó a cabo. La fuerza de sus sentimientos era tal, que nublaba la entrega de las cargas heredadas del ancestro que aparecía en la constelación, y la conclusión de la misma generaba en ella un alivio más por la disminución de la tensión que la invadía que por el inicio de un verdadero proceso terapéutico. Recordemos, como decía el doctor Bach, que el primer estadio de la curación es la paz.

Esta situación, que se repitió en ambas constelaciones, aun cuando la temática de ambas era distinta me llevó a pensar en que Adriana probablemente usaba inconscientemente la explosión de sus emociones para evitar una profunda toma de conciencia de lo que le estaba mostrando. En la primera, se hizo evidente a través de su gesto de cerrar los ojos y evitar ver. En la segunda, ante la necesidad que tuvo la consteladora de hacer un llamado a tomar conciencia y más aún, autoconciencia.

Las esencias que escogió para guiar ambas constelaciones, al pertenecer al set de flores de las esencias chamánicas, nos sugieren que la situación que actualmente Adriana debe abordar se encuentra en su biografía, pesando más que otros temas que podrían arraigarse en su árbol genealógico. En dicho sentido, el llevar por delante de sus problemas las necesidades especiales de su hijo sugieren que ella prefiere justificar sus acciones, cual madre Chicory, en una sobrecarga por sus responsabilidades maternas en lugar de reconocer sus conflictos internos. Las flores en el set chamánico nos hablan de la necesidad de aceptación, en el marco de una hiperestesia social, que se traduce en una dificultad para pedir ayuda y en una evasión en lugar de hacerse cargo.

El miedo, que tanto le costó soltar en la primera constelación, era finalmente la emoción que la sostenía, que definía una parte de ella, he ahí el apego que sentía. Ese es uno de los grandes “peligros” de la constelación -en términos irónicos-: que se le muestre al constelado de que es momento de dejar atrás aquello que como una muleta dificulta su avance, pero a la vez justifica cualquier error o caída. Allí el constelado enfrenta el primer desafío: soltar y aceptar la nueva vida que se le está proponiendo.

Creo que la primera constelación de Adriana movió energías en ella de una forma muy sutil. Cimentó el trabajo que se hizo en la segunda constelación, la que creo que fue mucho más provechosa en términos del nivel de conciencia que pudo adquirir Adriana, y la capacidad de autoexaminarse. El verdadero cambio se manifestó en su vida semanas después incluso de su segunda constelación, cuando en una consulta con Gabriela Riveros, logra reconocer que se desborda con sus hijos y los maltrata. Entonces cobra mayor sentido su actuar en las constelaciones. E incluso es posible dar un giro en las interpretaciones de los que las esencias chamánicas nos estaban mostrando, al mirar con su “confesión” de forma distinta lo que ambas instancias le mostraron.

Este punto nos lleva a otra reflexión, relacionada con el acompañamiento terapéutico que necesariamente debe generarse luego de una constelación. Entre la primera y la segunda constelación no hubo contacto, por parte mía, que guíe la constelación. Tampoco Adriana buscó eseacompañamiento, el cual sin embargo se mantuvo a través de reuniones con Gabriela Riveros. Muy posiblemente conversaciones posteriores a su constelación le habrían ayudado para resignificar los que se le estaba mostrando en ellas, y la habrían contenido ante ese miedo que le generaba el “soltar”.

En otras constelaciones que se desarrollaron en el Diplomado pudimos ser testigos de situaciones complejas que se le revelaban al constelado. Luego de ello, sin duda, un acompañamiento terapéutico se hacía fundamental, haya sido para sopesar lo que la constelación mostró, encontrarle lugar en su vida o darle sentido si no se ajustaba en absoluto a su realidad. Sin duda, quienes asistimos al diplomado como aprendices, tuvimos una disposición distinta a la información que recepcionábamos, a lo que se nos mostraba y alcanzamos, creo, un entendimiento profundo del funcionamiento de las constelaciones, en cuanto al peso que tenía dicha información en un árbol genealógico. Pero quienes asisten a los talleres, sobretodo si lo hacen por primera vez, desconocen estas dinámicas, por tanto pueden verse fuertemente impactados por lo que se les muestra. Entonces cobra real sentido el apoyo terapéutico.

Por último, me gustaría destacar, que si bien un taller de terapia constelar tiene una duración promedio de 30 o 40 minutos por constelado, dependiendo de la envergadura de la instancia, el movimiento energético que se produce a posteriori actúa por meses, siendo posible encontrar en cada acción cotidiana un nuevo sentido a lo que se mostró. Y la toma de conciencia que se produce en una constelación se dirige no sólo al constelado, sino también a quienes dirigen, participan o incluso observan un ejercicio como tal.

Consideraciones sobre la Terapia Ancestral Familiar

La Terapia Ancestral Familiar, aprendida pero sobretodo vivenciada, se configuró para mí como una gran herramienta terapéutica. Presenta una gran versatilidad, ya que se puede realizar de forma individual o grupal, acompañada o no de esencias florales, pudiendo éstas ser chamánicas o de otro sistema. Y es altamente resolutiva. Gracias al campo morfogenético que se comparte en una constelación, no importa si las personas no se conocen – quizás eso es una ventaja para quienes acuden a la terapia desde un punto de vista escéptico- y las palabras que dicen los compañeros en un taller cobran mayor peso. Y así como sabemos que ningún grupo se conforma por casualidad, la información que se recibe en un taller, gracias a este mismo campo compartido de energía, abarca a todo el conjunto de asistentes. Por tanto, cada constelación es una oportunidad de sanar para todos los que toman un taller.

En el trabajo individual, es factible observar más resistencias por parte del constelado. Quizás es porque también hay más posibilidades de rebatir lo que está planteando quien guía la constelación. Es por esta razón que suelo recomendar a mis pacientes que hagan primero un taller constelar antes de abordar un trabajo de forma individual.

La versatilidad de la Terapia Ancestral a la que antes aludía le permiten ser tanto la principal fuente de curación en una terapia como una herramienta secundaria. Los órdenes del amor se configuran como una visión potente para repensar las relaciones familiares y sociales, y permiten abordar de forma distinta enfermedades no sólo del alma, sino también físicas. Sin duda, la Terapia Ancestral formará de aquí en adelante parte fundamental de mis terapias.

Conclusión

Se han presentado las reflexiones generadas a partir del trabajo constelar desarrollado por quien suscribe en relación con Adriana, paciente de Gabriela Riveros, que se consteló en dos ocasiones en el marco del trabajo final del Diplomado de Terapia Ancestral Familiar. La segunda constelación fue guiada por Ángela Concha.

El trabajo de Adriana nos ha llevado a reflexionar sobre las resistencias en reconocer las cargas que arrastramos en nuestro árbol familiar, pero también cómo, cuando abrimos nuestra conciencia, la información recibida en un trabajo constelar decanta. Puede ser inmediatamente después de una constelación, días o semanas después.

Hemos puesto el foco también en la importancia que tiene el acompañamiento terapéutico continuo luego de una constelación. Sin duda es una forma de cimentar el trabajo sanador, e incluso de asegurar el desarrollo permanente del mismo si se requiere ese apoyo externo al proceso individual. El acompañamiento es en gran medida responsabilidad del terapeuta, ya que es él quien conoce las dimensiones del trabajo constelar, y está más capacitado que el constelado para contener la emocionalidad que surge luego de un trabajo. Es importante por tanto tener presente que el trabajo no acaba cuando se termina un taller, sino que se perpetúa en la toma de las flores y en reuniones y conversaciones sanadoras entre el terapeuta y el constelado.

Se ha observado la versatilidad de la Terapia Ancestral como una herramienta en sí misma, y también como parto de un conjunto mayor de terapias. Donde su metodología por sí misma, sus fundamentos energéticos y sus formas de liberación y resolución de conflictos pueden ser usadas ampliamente.

Fuentes

Solana, Manuel. 2013. Plantas Ancestrales de Poder. Una alternativa psicoterapéutica del presente y el futuro. Editorial ACD S. A. de C. V. México.

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