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Sobre la VIOLENCIA OBSTÉTRICA, desde la Terapia Constelar

Cuando una pareja se une con la intención de engendrar un hijo, ambos son conscientes del riesgo de la realización del amor, en términos físicos, sobre todo para la madre. La mujer, está dispuesta a poner en riesgo su vida, con el fin de traer al mundo al fruto de su amor. El hombre, está dispuesto a hacer lugar a este nuevo ser, mostrarle el mundo, acompañarle a él y su madre, preparando el entorno para la conformación de una familia. Allí se da el equilibrio entre el dar y recibir en la pareja, cuando se está gestando un hijo.




Cuando la mujer sufre violencia obstétrica, inconscientemente, se rompe el equilibrio de la relación con su pareja. De pronto, la mujer ya no ofrece sólo su vida por dar a luz a un hijo, sino que su cuerpo y su integridad reciben daños permanentes. Y el hombre, entonces, queda en una posición de deuda ante su mujer. Ella ha dado más de lo que él podría entregar a la relación. La posición pasiva del hombre ante la violencia sufrida por su mujer puede ser voluntaria o inocente. Puede ser que el hombre se vio imposibilitado de defender a su mujer, quizás no presenció el episodio o fue una vivencia no confesada por los involucrados. Pero en el seno de esa relación, inconscientemente se ha roto el equilibrio, y comienza el tira y afloja en el que ambos miembros buscan ser vistos y valorar sus aportes. Como todo esto se da a nivel inconsciente, cuesta entender las reacciones cotidianas y concretas de ambos. La relación se conflictúa y el puente de unión se desestabiliza, hasta que ambos reconocen el dolor, o la inocencia en lo ocurrido. A veces basta que uno de los dos diga "Hoy tomo conciencia del dolor que nos ha provocado las circunstancias que rodearon el parto de nuestro hijo". "Me hiciste falta, pero hoy entiendo que no tuviste que ver con lo ocurrido. Hoy te veo y valoro tu entrega" puede decir la mujer. "Entonces no pude ver tu dolor, y lo mucho que te afectó el perder tu dignidad. Hoy lo veo y reconozco tu dolor. Lo comparto, porque ese daño también me ha afectado a mí. Te agradezco tu entrega para traer a la vida a nuestro hijo" puede decir él.



Es importante sanar la violencia obstétrica, sin incurrir en el deseo de redimir las experiencias de otras mujeres. Sino por nuestra experiencia propia, cada camino es individual, y cada mujer y cada pareja, deben sanarlo a su ritmo y según su propia conciencia. Deben hacerlo, también, por sus hijos. En esa conciencia profunda de la que hemos hablado, un niño que ha nacido en un parto donde ha habido violencia obstétrica, puede sentir que ha puesto a su madre en peligro, casi en una posición de sacrificio, y puede sentirse victimario de su madre. Puede sentir entonces, el constante impulso de redimir dicha situación. Para evitar ponerse una vez más en las mismas circunstancias, más adelante en su vida el hijo puede privarse de tener hijos, restringir su relación de pareja o tener problemas para tomar el rol protagónico de su vida, por sentirse en deuda con la dignidad de su madre.



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